Historia “Santa Catalina de Alejandría”

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SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA

Irene GONZÁLEZ HERNANDO

Universidad Complutense de Madrid

Dpto. Historia del Arte I (Medieval)

irgonzal@ghis.ucm.es

Resumen: Catalina de Alejandría, cuya vida se sitúa en el siglo IV, recibió el título de virgen y mártir. Los hechos más conocidos y representados de su vida fueron los recogidos y difundidos por Santiago de la Vorágine en la Leyenda Dorada (s. XIII). En la Edad Media se la representó como figura aislada (siendo la rueda dentada su atributo más frecuente), formando parte de un ciclo alusivo a su biografía (en el que no suelen faltar su enfrentamiento filosófico con el emperador y su martirio), y desde el siglo XIV desposándose místicamente con el Niño Jesús.

ESTUDIO ICONOGRÁFICO

1.- Atributos y formas de representación

Santa Catalina puede aparecer representada como figura aislada o de modo narrativo, interviniendo en alguno/s de los episodios que forman parte de su biografía.

Como figura aislada, se la representa como princesa real (coronada y vestida con túnica y manto como las doncellas romanas o siguiendo la moda contemporánea al artista), con uno o varios de los atributos siguientes: pisoteando el busto con cabeza coronada del emperador (su perseguidor), con la rueda dentada y quebrada (del suplicio), la espada (de la decapitación), el libro (símbolo de la ciencia) y otros símbolos de erudición (globo celeste e instrumentos matemáticos), el anillo (de los desposorios místicos) y la palma (del martirio). La rueda, su atributo más característico, presenta formas muy diversas: única o doble, lisa o dentada, entera o rota, pequeña o gigante; incluso ciertos artistas cubren a la santa con una túnica constelada de ruedas. Según Roig (1950), en ocasiones puede acompañarla una paloma que, tal como se narra, apareció para ilustrarla en la discusión contra los filósofos. Según Hall (1987) a veces sobre el libro aparece la inscripción Ego me Christo sponsam tradidi (me he ofrecido a Cristo como esposa).

Igualmente nos la podemos encontrar representada dentro del grupo de los Catorce Intercesores (Agacio, Blas, Cristóbal, Ciríaco, Dionisio, Erasmo, Eustaquio, Gil, Jorge, Pantaleón, Vito, Bárbara, Margarita y Catalina), respondiendo a la devoción nacida en un convento de dominicos de Ratisbona y muy difundida por las órdenes mendicantes, esencialmente en el ámbito germánico de la Baja Edad Media.

Se representan también casi todos los episodios de su vida narrados por Santiago de la Vorágine en la Leyenda Dorada. Según éste la santa procedía de la familia real y había sido educada en las artes liberales. Entre sus virtudes habrían destacado la sabiduría, la elocuencia, la castidad y la fortaleza.

Un día recibió la noticia de que el emperador 1 había convocado a sus ciudadanos para hacer un gran sacrificio ante los ídolos y había amenazado con castigar a los cristianos que no acudiesen a tal evento. Catalina, irritada con esta actitud, se encaró con el emperador y le recomendó que en vez de creer en falsas divinidades creyese en Dios. Sostuvo un prolongado debate filosófico para probarle la existencia de Dios. El emperador, disminuido ante la inteligencia de la santa, mandó posponer la discusión y continuarla después de las celebraciones paganas.

A continuación ordenó encerrarla en su palacio. Pero no satisfecho con los resultados del debate, escribió a los más sabios gramáticos y retóricos para que rebatieran a la santa. Sin embargo, Catalina fue visitada por un ángel y éste le anunció que derrotaría a los sabios. Aunque los sabios trataron de hacerle dudar de la Encarnación de Cristo, Catalina consiguió vencerlos. Los cincuenta sabios dijeron al emperador que si él no era capaz de rebatir tales argumentos, se convertirían al cristianismo. El emperador enfurecido mandó quemarlos en una hoguera. Los sabios tenían miedo de morir sin ser bautizados antes, pero Santa Catalina les dio consuelo e hizo sobre sus cuerpos la señal de la cruz, justo antes de que fuesen arrojados a la hoguera. Así consiguió que el fuego no dañase sus cuerpos.

El emperador propuso a Catalina convertirse en su primera dama, pero ésta se opuso vanagloriándose de su virginidad. Por ello fue martirizada una primera vez (con escorpiones y cadenas de hierro), encerrada en un calabozo, y puesta en férreo ayuno.

Poco después, el emperador salió de viaje. En su ausencia, la emperatriz y el soldado Porfirio fueron a visitar a la prisionera y comprobaron que su habitación estaba inundada de luz y que unos ángeles le curaban las heridas. La emperatriz, el soldado Porfirio y otros doscientos soldados se convirtieron al cristianismo por efecto de Catalina. Cristo alimentó a la prisionera con un manjar celestial que le llevaba una paloma.

Cuando volvió el emperador decidió castigar a aquellos que le habían dado alimento. Pero Catalina afirmó que habían sido seres celestiales los encargados de su alimentación. El emperador, para mancillar la virginidad de la santa y horrorizar a los cristianos, ordenó un nuevo martirio con ruedas dentadas, que dejarían su cuerpo magullado. Catalina oró a Dios y por ello en el momento de poner la máquina de tortura en funcionamiento, las ruedas se rompieron y saltaron en pedazos, matando a varios cientos de paganos que contemplaban el espectáculo.

La emperatriz reprochó a su marido la crueldad y por ello éste mandó que le cortaran los pechos y la cabeza. Porfirio enterró el cuerpo de la emperatriz mártir. Cuando el emperador se enteró, ordenó degollar también a Porfirio y a todos los soldados cristianos recién convertidos, y que sus cuerpos quedasen a la intemperie para que los perros los devorasen.

El emperador presionó una vez más a Catalina para que renunciase a su religión y aceptase el trono imperial. Pero ella se opuso y por ello fue decapitada. Sin embargo, de sus heridas no manó sangre sino leche. Su cuerpo fue trasladado por ángeles al monte Sinaí.

Al margen de los hechos recogidos por Santiago de la Vorágine, fue muy importante también el episodio de los desposorios místicos entre Catalina y el Niño Jesús, uno de los episodios más controvertidos de su vida, que debió aparecer hacia el siglo XIV 2, gozando de gran popularidad a finales de la Edad Media y en la Edad Moderna (vid. sección prefiguras y temas afines). Réau (1955-1959), en una interpretación que parece poco afortunada, considera que la aparición de este episodio se debe a una serie de errores iconográficos, atribuidos a las “limitaciones” del artista medieval. En principio se habría representado a la santa con la esfera celeste (de la ciencia), ésta se habría confundido posteriormente con una rueda y habría engendrado la leyenda del suplicio con ruedas dentadas y finalmente, esta rueda (del suplicio legendario) representada en miniatura por los artistas medievales habría sido tomada por un anillo, dando lugar a la leyenda de los Desposorios místicos de Santa Catalina con el Niño Jesús. Parece más probable que este tema sea el resultado de la expansión mística de los siglos XIV y XV y de la descripción de la unión del alma con Dios con un lenguaje propio de la literatura amorosa 3.

La forma en que se celebraron estos Desposorios místicos admite una serie de variantes. Según las fuentes manejadas por cada uno de los estudiosos del tema, los desposorios se celebran de un modo diferente, aunque siempre admitiendo que los que se unen son la santa y el Niño Jesús. Réau (1955-1959) sostiene que es un ermitaño el que le muestra a Jesús como novio digno de la belleza de santa Catalina. Hall (1987), siguiendo en parte a Réau, afirma que el ermitaño habría regalado a santa Catalina una imagen de la Virgen con el Niño; tiempo después las oraciones de la santa habrían conseguido que el Niño volviese el rostro hacia ella y que le colocase un anillo en el dedo. En cambio, para Coulson (1964) es la conversión de la santa la que es recompensada con el matrimonio místico con el Niño Jesús y es la misma Virgen la que le pone el anillo de oro a Catalina en el dedo. En la misma línea que Coulson, Metford (1983) afirma que es la propia Virgen María quien se aparece a la santa en un desierto cercano a Alejandría y le entrega a Jesús como marido.

2.- Fuentes escritas

Según Duchet-Suchaux (1996), la historicidad de Santa Catalina es muy dudosa, ya que los hechos de su vida no aparecen recogidos en ningún texto de la Antigüedad cristiana.

Sin embargo, el relato legendario de su vida se extendió rápidamente a partir del siglo IX y culminó en la obra de Santiago de la Vorágine del siglo XIII. Entre las fuentes previas a Santiago de la Vorágine que contribuyeron a la difusión de su biografía, habría que citar las siguientes. Metford (1983) sostiene que la historia difundida en la Leyenda Dorada podría ser una elaboración a raíz de las noticias dadas por Eusebio en su Historia eclesiástica (s. IV) sobre una mujer anónima de Alejandría que resistió los avances lujuriosos del emperador Maximino o Majencio. Para Hall (1987) el primer relato de la vida de santa Catalina se escribe en el siglo IX y se inspira en la historia de Hipatia, filósofa pagana de Alejandría, famosa por su erudición y sabiduría, que murió en el 415, probablemente a manos de un grupo de religiosos fanáticos. Según Leonardi (2000), la fuente más antigua es la Passio, redactada primero en griego (s. VI-VIII) y traducida después al latín (s. IX). Réau (1955-1959) afirma que la vida de la santa se contó por primera vez en el Menologio griego del emperador Basilio (fines del s. X).

En cualquier caso, todas estas fuentes habrían servido de base a la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine, escrita en el siglo XIII, y sin duda la fuente que tuvo un mayor impacto iconográfico.

Después del relato de Vorágine, hay otros textos hagiográficos interesantes, como la Conversio, que está influida por la mística femenina benedictina y por ello incorpora el episodio de los Desposorios con Jesús.

“[…] Es cierto que, de todas las que fueron violadas por el tirano, solamente una, cristiana y de lo más distinguido e ilustre de Alejandría (una tal Dorotea), logró con su firmeza más que varonil vencer al alma apasionada y disoluta de Maximiano. Aunque en lo demás era célebre por su riqueza, su linaje y su educación, todo lo posponía a su castidad. Maximino le insistió muchísimo, pero no era capaz de matar a la que ya estaba dispuesta a morir, pues su pasión era más fuerte que su cólera. Entonces la condenó al destierro y le confiscó toda su hacienda […]”

  • Jacobo de la Vorágine, Leyenda Dorada, s. XIII, según la traducción de MACÍAS, José Manuel (2001): Santiago de la Vorágine. La leyenda dorada. Alianza, Madrid, vol. I-II, 10ª reimpresión de la 1ª edición de 1982. La historia de Santa Catalina se recoge en las páginas 765-774.

3.- Otras fuentes

La difusión de la iconografía de Santa Catalina se debió no sólo al impacto de las fuentes escritas sino también al conocimiento de sus reliquias. En Oriente, el interés por sus reliquias fue muy temprano, puesto que se afirmaba que éstas habían sido depositadas en el monasterio del Sinaí por los ángeles. En el s. IX, tras la invención o descubrimiento de dichas reliquias en el Sinaí, el monasterio se puso bajo su advocación y su culto remplazó en cierta medida al de Moisés y la zarza ardiendo. Después, en el s. XI, Simeón, un monje del Sinaí, viajó a Rouen (Francia) para recibir la limosna anual del duque de Normandía, llevando con él parte de las reliquias de la santa (el cráneo y la mano) y facilitando por tanto la difusión de su culto por Occidente. De este modo, las reliquias de Catalina quedarían repartidas entre el Sinaí y Rouen. Desde el s. XI el culto a Catalina de Alejandría se popularizó en Francia. En el s. XII se extendió por Europa gracias a los cruzados. A partir de entonces gozó de popularidad no sólo en Francia, sino también en Italia y en Alemania donde, a partir de la Baja Edad Media, se la incluyó en el grupo de los Catorce Intercesores.

4.- Extensión geográfica y cronológica

De acuerdo con el origen oriental de la santa y el primer hallazgo de sus reliquias en el Sinaí, los primeros ejemplos que recogen su iconografía se hallan en Bizancio, más concretamente en la ilustración del Menologio de Basilio (fines siglo X y siglo XI).

Con llegada de sus reliquias a Occidente, se difunde también su culto y su iconografía, encontrando los primeros ejemplos de escenas referidas a su vida a partir del siglo XII,

siendo en esencia las mismas que recogerá Santiago de la Vorágine en la Leyenda Dorada en el s. XIII 4.

Sin embargo, la mayor popularidad de Santa Catalina llegará en Occidente con los siglos XIV y XV. Es también en este momento cuando encontramos un mayor número de representaciones de Santa Catalina como figura aislada, generalmente acompañada de la rueda dentada, y cuando se introduce un nuevo episodio, el de los Desposorios Místicos, que tendrá continuidad en la Edad Moderna. Pero no sólo los desposorios, sino también otras escenas de su vida como la conversión, la disputa con los filósofos, el martirio con la rueda dentada, la decapitación, o el transporte de sus reliquias al Sinaí, así como la propia imagen de la santa como figura aislada, tendrán proyección en la Edad Moderna.

5.- Soportes y técnicas

Si hubo una técnica que predominó en la realización de imágenes de Santa Catalina, ésta fue la pintura, sobre sus distintos soportes (muro, tabla, libro, óleo). No obstante, son también muy numerosas las esculturas de bulto redondo dedicadas a Catalina de Alejandría, con frecuencia talladas en madera.

6.- Precedentes, transformaciones y proyección

Como ya se explicaba en el apartado referido a las fuentes escritas, la leyenda de santa Catalina pudo inspirarse en la de Hipatia, filósofa de Alejandría.

En la Edad Media, desde el siglo X-XI en Oriente y desde el XII en Occidente, se difundió su iconografía como figura aislada, constituyendo un ciclo biográfico completo, o seleccionando algún acontecimiento de su vida.

La mayor novedad llegó en el siglo XIV-XV con la introducción de los Desposorios místicos, que fueron seguramente los que más popularidad tuvieron en la Edad Moderna. El resto de episodios siguió representándose, siguiendo en su mayoría las mismas pautas iconográficas que ya habían aparecido en la Edad Media.

7.- Prefiguras y temas afines

La historia de Catalina de Alejandría (s. IV) tiene una serie de puntos en común con la de su homónima Catalina de Siena (s. XIV). Ambas santas, pese a estar encuadradas en momentos históricos distintos, comparten algo más que el nombre. De hecho hay episodios vitales y virtudes comunes a ambas. Dice Santiago de la Vorágine que, a los once años, santa Catalina de Siena, deseosa de imitar a la Virgen María, hizo voto de virginidad, rasgo común a Santa Catalina de Alejandría, y pidió a la Virgen que le diese por esposo a su Hijo Jesús. También Catalina de Alejandría se habría desposado con el Niño Jesús, según relatos místicos posteriores a la Leyenda Dorada.

Más tarde, según el propio Santiago de la Vorágine, santa Catalina de Siena habría entrado en la orden dominica y habría llevado una vida ascética y misericordiosa (de ayuno y atención a pobres y enfermos), diferenciándose en esto de la vida principesca de Catalina de Alejandría.

Pero parece que Catalina de Siena era muy sabia y que en una ocasión mantuvo una dura disputa con dos teólogos, conectando este tema con el debate con los filósofos de Catalina de Alejandría.

Cuando se representa la imagen aislada de Catalina de Siena es difícil confundirla con Catalina de Alejandría, ya que posee atributos distintos: lirio, crucifijo, corazón, rosario, disciplina, estigmas corporales. Algunos atributos son similares en ambas santas, como el libro, la corona (aunque la de Catalina de Siena es de espinas y la de Catalina de Alejandría es regia), o el personaje que aplastan (aunque Catalina de Siena aplasta a un demonio y Catalina de Alejandría al emperador). Pero lo que más las diferencia es el atuendo: Catalina de Siena lleva hábito de dominica (túnica blanca y manto negro) y Catalina de Alejandría traje principesco.

El tema que puede ser objeto de confusión es el de los Desposorios místicos, si bien en principio Catalina de Alejandría se desposa con el Niño Jesús (que suele estar en brazos de María e inclinarse hacia la figura arrodillada de la santa para colocarle el anillo en el dedo), mientras que Catalina de Siena se une a Cristo adulto. Sin embargo, no siempre se marca esta diferencia. Según Hall (1987) hay discrepancias en los relatos de los biógrafos de Catalina de Siena en cuanto a este episodio, por ello unos mencionan al Niño Jesús y otros a Cristo adulto. Ambas versiones están representadas en la pintura del siglo XIV, siendo más primitiva la primera, es decir la del Niño Jesús, común a Santa Catalina de Alejandría. Así Catalina de Siena aparece arrodillada, bien para recibir el anillo del Niño Jesús, sentado en el regazo de la Virgen; bien para recibir el anillo de Cristo adulto, de pie junto a su madre. Pero incluso aunque Catalina de Siena aparezca desposándose con el Niño, se la puede distinguir de su homónima Catalina de Alejandría por el hábito dominico.

8.- Selección de obras

  • Retablo de Santa Catalina, procedente de Castellbò, Lérida (España), s. XIV, pintura sobre tabla. Barcelona, MNAC. En torno a la figura central de Catalina aparecen, entre otras, la escena de los sabios quemados en la hoguera, la santa ante el emperador, la decapitación y el martirio con ruedas dentadas.
  • Pedro de Zuera, Retablo de la Coronación de la Virgen María con Santas Mártires, segundo cuarto del siglo XV, temple sobre tabla. Museo Diocesano de Huesca (España). Entre las santas, Santa Catalina con la rueda dentada, en el registro inferior.
  • Juan Hispalense, Martirio de Santa Catalina, ca. 1425-1450, pintura sobre tabla. Madrid, Museo Nacional del Prado.
  • Maestro del altar del Salvador, Desposorios místicos de Catalina de Alejandría, 1430, pintura sobre tabla. Munich, Alte Pinakothek.
  • Maestro de Velilla, Retablo de la Virgen con el Niño, Santa Catalina de Alejandría y Santa Bárbara, tabla central, segundo tercio del s. XV, temple sobre tabla. Iglesia de San Juan Bautista, Velilla de Jiloca, Zaragoza (España). En ella la Virgen aparece entre Santa Catalina y Santa Bárbara, Catalina desposándose con el Niño al tiempo que la rueda dentada a sus pies se rompe en pedazos.
  • Decapitación de Santa Catalina, posiblemente procedente del retablo de la Iglesia de la Virgen en Ravensburg, ca. 1480, talla en madera. Berlín, Bodemuseum, inv. 423.
  • Hans Memling, Desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría, tabla central del Tríptico de San Juan, ca. 1474-1479, óleo sobre tabla. Brujas, Memlingmuseum, Sint- Janshospitaal..
  • Anónimo italogreco, Virgen de la zarza y entierro de Santa Catalina, óleo sobre tabla, siglo XV, Capilla Real de Granada (España). El transporte aéreo del cuerpo de Santa Catalina al Sinaí, en la parte inferior de la imagen, está asociado a la aparición simbólica de la Virgen sobre la zarza ardiendo, en la mitad superior.
  • Fernando Gallego, Tríptico de Santa Catalina, ca. 1503, pintura sobre tabla, claustro de la Catedral Vieja de Salamanca (España). Catalina como figura aislada en el centro flanqueada por el martirio con ruedas dentadas y la decapitación.
  • Fernando Yáñez de la Almedina, Santa Catalina, 1505-1510, óleo sobre tabla. Madrid, Museo Nacional del Prado.
  • Anónimo flamenco, Tríptico de los Desposorios místicos de Santa Catalina, ca. 1520, óleo sobre tabla. Madrid, Museo Nacional del Prado.

9.- Bibliografía

BUTLER, Alban (1991): Vidas de los santos. Libsa, Madrid.

COULSON, John (1964): Dictionnaire historique des saints. Société d’édition de dictionnaires et encyclopédies, París.

MACÍAS, José Manuel (trad.) (2001): Santiago de la Vorágine. La leyenda dorada. Alianza Editorial, Madrid, 2 vols. (10ª reimpresión de la 1ª edición de 1982).

DELEHAYE, Hippolyte (1933): Les origines du culte des martyrs. Société des Bollandistes, Bruselas.

DUCHET-SUCHAUX, Gaston; PASTOUREAU, Michel (1996): La Biblia y los Santos. Guía iconográfica. Alianza Editorial, Madrid.

FÁBREGA GRAU, Ángel (1953): Pasionario hispánico. Siglos VII-XI. CSIC, Barcelona, t. I.

GALEY, John (1981): Le Sinaï et le monastère de Sainte-Catherine. Office du Livre, Friburgo.

GIORGI, Rosa (2002): Santos. Electa, Barcelona.

HALL, James (1987): Diccionario de temas y símbolos artísticos. Alianza Editorial, Madrid. LEONARDI, Claudio (2000): Diccionario de los santos. San Pablo, Madrid, 2 vols.

MARTÍNEZ ARANCÓN, Ana (1978): Santoral extravagante. Una lectura del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas. Editora Nacional, Madrid.

METFORD, John C.J. (1983): Dictionary of Christian Lore and Legend. Thames and Hudson, Londres.

RÉAU, Louis (1996-2002) (1ª ed. 1955-1959): Iconografía del arte cristiano. Ediciones del Serbal, Barcelona, t. II – vol. 3.

ROIG, Juan Fernando (1950): Iconografía de los Santos. Omega, Barcelona. ROMÁN, María Teresa (1999): Diccionario de los santos. Alderabán, Madrid.

SILVA MAROTO, María Pilar (1990): Pintura hispanoflamenca castellana: Burgos y Palencia. Junta de Castilla y León, Valladolid.


1 Según Santiago de la Vorágine hay dudas en torno a qué emperador gobernaba en el momento en que fue martirizada Santa Catalina, ya que hacia el 310 (fecha posible del acontecimiento) había tres emperadores ejerciendo su poder simultáneamente: Constantino, Maximino y Majencio. Podría haber sido Maximino en Oriente el que mandase martirizarla.

2 La cronología en que aparecen los Desposorios místicos varía en función de los diferentes estudiosos del tema. Pero tenemos ya ejemplos del siglo XIV, como el Retablo de Santa Catalina, San Lorenzo y San Prudencio, Capilla de los Cardenales, Catedral de Tarazona (Zaragoza), ca. 1392-1404.

3 Un recurso poético habitual en la literatura hagiográfica consiste en describir a las santas como “novias de Cristo”, tratando así de explicar la unión espiritual con Dios. A partir de esta metáfora podría haberse originado el episodio de los Desposorios místicos.

4 El hecho de que la biografía de Catalina tenga representación incluso antes de la aparición de la Leyenda Dorada, refuerza la hipótesis de que su leyenda ya se conocía en los siglos previos y que lo que hace Santiago de la Vorágine es compilarla y darle una mayor difusión.


 

Retablo de Santa Catalina, procedente de Castellbò, Lérida (España), s. XIV, pintura sobre tabla. Barcelona, MNAC.
Retablo de Santa Catalina, procedente de Castellbò, Lérida (España), s. XIV, pintura sobre tabla. Barcelona, MNAC. http://www.oronoz.com/paginas/leefoto.php?referencia=4364&usuario=anonimo [captura 31/05/2012]
Pedro de Zuera, Retablo de la Coronación de la Virgen María con Santas Mártires, segundo cuarto del siglo XV, temple sobre tabla. Museo Diocesano de Huesca (España).
Pedro de Zuera, Retablo de la Coronación de la Virgen María con Santas Mártires, segundo cuarto del siglo XV, temple sobre tabla. Museo Diocesano de Huesca (España). http://4.bp.blogspot.com/_qtxaBElX5sA/Sab2vxLUmxI/AAAAAAAABfs/qr F-8s_ayJw/s1600-h/Santas.jpg [captura 31/05/2012]
Juan Hispalense, Martirio de Santa Catalina, ca. 1425-1450, pintura sobre tabla. Madrid, Museo Nacional del Prado
Juan Hispalense, Martirio de Santa Catalina, ca. 1425-1450, pintura sobre tabla. Madrid, Museo Nacional del Prado. http://www.oronoz.com/paginas/leefoto.php?referencia=68290&usuario=anonimo [captura 31/05/2012]
Maestro del altar del Salvador, Desposorios místicos de Catalina de Alejandría, 1430, pintura sobre tabla.
Maestro del altar del Salvador, Desposorios místicos de Catalina de Alejandría, 1430, pintura sobre tabla. Munich, Alte Pinakothek. http://www.oronoz.com/paginas/leefoto.php?referencia=176871&usuario=anonimo [captura 31/05/2012]

Maestro de Velilla, Retablo de la Virgen con el Niño, Santa Catalina de Alejandría y Santa Bárbara, tabla central, segundo tercio del s. XV, temple sobre tabla. Iglesia de San Juan Bautista, Velilla de Jiloca, Zaragoza (España).
Maestro de Velilla, Retablo de la Virgen con el Niño, Santa Catalina de Alejandría y Santa Bárbara, tabla central, segundo tercio del s. XV, temple sobre tabla. Iglesia de San Juan Bautista, Velilla de Jiloca, Zaragoza (España). http://3.bp.blogspot.com/_qtxaBElX5sA/SabgyCn- haI/AAAAAAAABes/4UxLS9sFHJM/s400/Virgen+tabla+central.jpg [captura 31/05/2012]
Decapitación de Santa Catalina, posiblemente procedente del retablo de la Iglesia de la Virgen en Ravensburg, ca. 1480, talla en madera. Berlín, Bodemuseum, inv. 423.
Decapitación de Santa Catalina, posiblemente procedente del retablo de la Iglesia de la Virgen en Ravensburg, ca. 1480, talla en madera. Berlín, Bodemuseum, inv. 423. http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3c/Enthauptung_der_hl_Katharina_Bode-Museum.jpg [captura 31/05/2012]
Hans Memling, Desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría, tabla central del Tríptico de San Juan, ca. 1474-1479, óleo sobre tabla. Brujas, Memlingmuseum, Sint-Janshospitaal.
Hans Memling, Desposorios místicos de Santa Catalina de Alejandría, tabla central del Tríptico de San Juan, ca. 1474-1479, óleo sobre tabla. Brujas, Memlingmuseum, Sint-Janshospitaal.http://www.wga.hu/art/m/memling/2m iddle2/13john2.jpg [captura 31/05/2012]
Fernando Gallego, Tríptico de Santa Catalina, ca. 1503, pintura sobre tabla, claustro de la Catedral Vieja de Salamanca (España).
Fernando Gallego, Tríptico de Santa Catalina, ca. 1503, pintura sobre tabla, claustro de la Catedral Vieja de Salamanca (España). http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/2/26/Fernando_Gallego_002.jpg [captura 31/05/2012]
Anónimo flamenco, Tríptico de los Desposorios místicos de Santa Catalina, ca. 1520, óleo sobre tabla. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Anónimo flamenco, Tríptico de los Desposorios místicos de Santa Catalina, ca. 1520, óleo sobre tabla. Madrid, Museo Nacional del Prado. http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on- line/zoom/1/obra/desposorios-misticos-de-santa-catalina-triptico/oimg/0/ [captura 31/05/2012]
Fernando Yáñez de la Almedina, Santa Catalina, 1505-1510, óleo sobre tabla. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Fernando Yáñez de la Almedina, Santa Catalina, 1505-1510, óleo sobre tabla. Madrid, Museo Nacional del Prado. http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/zoom/1/obra/santa- catalina/oimg/0/ [captura 31/05/2012]

Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. IV, nº 7, 2012, pp. 37-47. e-ISSN: 2254-853X